La ciudad de Murcia y el Barroco (I)

On 27 February, 2015 by Album Letras Artes

Arquitectura Barroca

Murcia y el barroco. Fachada de la catedral

Murcia y el barroco. Fachada de la catedral

Desde la segunda del siglo XVI el panorama artístico murciano sufrió las consecuencias de las graves crisis económicas que paralizaron muchas de las grandes empresas del Renacimiento agudizadas por la desaparición de maestros que, como en el caso de Jerónimo Quijano, muerto en 1563, había sido uno de sus más significativos protagonistas.

Es cierto que durante ese siglo se habían levantado las grandes construcciones parroquiales en el territorio de la antigua diócesis de Cartagena tanto en lo que se refiere a las edificadas en la jurisdicción episcopal como en las de las Ordenes Militares o en la esfera de las iniciativas personales, pero, al definir su modelo arquitectónico, se consolidó la imagen de una grandeza pensada para convertirla en símbolo y emblema de cada ciudad. El nuevo orden económico determinó la interrupción de los proyectos catedralicios -torre y fachada principal- cuya lenta continuación se prolongaría hasta finales del siglo XVIII y, en el caso de la porrada, daría lugar a una traza nueva, la existente en la actualidad, obra ya en pleno barroco del arquitecto Jaime Bort.

La actividad de la Iglesia se centró básicamente en la definición de modelos de organización interna en la estructura parroquial y en el control de las actividades netamente pastorales según las directrices del Concilio de Trento. Sus disposiciones tuvieron un notable influjo en el campo de las artes que ahora deberían reflejar el nuevo clima espiritual nacido al calor de la Contrarreforma. Estas ideas se dejaron ver en el modelo de espacio unificado de las nuevas construcciones y en el aliento a unos modos externos de piedad que favorecieron las soluciones formales del retablo y la propagación de las cofradías pasionarias. Los ritos colectivos adquirieron importancia creciente, pues su celebración ponía de manifiesto los pilares básicos de la sociedad: el triunfo de la religión como orientadora de la vida pública y privada y la consolidación de los ideales políticos de la monarquía barroca, puestos de manifiesto en la frecuencia de la fiesta urbana y en la fastuosidad de las exequias. 

Murcia y el Barroco. Jaime Bort

Murcia y el Barroco. Jaime Bort

 

Contrarreforma y barroco

Durante todo el siglo XVII la ciudad de Murcia acusó la falta de artistas de gran personalidad que sólo aportaron en el campo de la pintura a figuras como Pedro Orrente, acaso el más significativo de todos los murcianos en el panorama nacional. Los demás pintores, si bien constituyeron una nómina de cierto relieve, no llegaron a alcanzar la importancia que tuvieron sus contemporáneos andaluces o valencianos.

La gran demanda procedía de cofradías y parroquias deseosas de completar y dignificar sus elementos de culto expuestos en las historias pintadas de sus retablos y cuadros de altar y en cuanto podía satisfacer las necesidades de la piedad pública o privada. La vinculación a lo valenciano se advierte en la obra de Lorenzo Suárez, Cristóbal de Acebedo, Francisco y Mateo Gilarte y Senén Vila, éste muerto en los años iniciales del siglo XVIII. Sólo Nicolás Villacis, el pintor elogiado por Palomino, introduce elementos del pleno barroco.

La arquitectura religiosa tuvo momentos de gran brillantez en la empresa real del Santuario de La Vera Cruz de Caravaca, lugar de veneración de una de las reliquias más preciadas del viejo reino de Murcia. Pero fuera de estas iniciativas y como resultado de la dignificación del culto puesto de manifiesto en las Visitas Pastorales, se planteó una política de conclusión de los proyectos inacabados. Tal fue la iniciativa tomada en tomo a la capilla catedralicia de Gil Rodríguez de junterón con la inclusión de un programa decorativo que pretendió cubrir el recinto.

Murcia y el barroco. Fachada de la iglesia de la Merced

Murcia y el barroco. Fachada de la iglesia de la Merced

La extraordinaria calidad ornamental de la bóveda renacentista no tuvo su continuidad en las esculturas de profetas y de sibilas que habrían de ser, en el lenguaje humanista del renacimiento, los complementos imprescindibles del extraordinario relieve central que representa la adoración de los pastores. Sin embargo, el fervor mariano que siempre distinguió a España tuvo un feliz anticipo en la obra promocionada por el obispo franciscano Fray Amonio de Treja en la Capilla de la Inmaculada situada en el trascoro de la catedral. Obra controvertida y polémica, en la que se debatieron cuestiones tan delicadas como las que definían las distintas esferas de poder en el ámbito catedralicio y episcopal, introdujo una nota colorista a los pies del templo y subrayó la especial devoción mariana que, un siglo después otro obispo de gran personalidad como D. Luis Belluga, repetiría en la Colegiata de San Patricio de Lorca. Importancia similar tuvieron las fundaciones conventuales en la reconstrucción o edificación de sus dependencias monásticas. Desaparecidos los claustros de la Trinidad y del Carmen Calzado, sólo sobrevive el de La Merced, incorporado a la Universidad, obra del maestro catedralicio Pedro Monte de Isla. De rodas estas edificaciones el Contraste de la Seda fue un edificio singular, levantado en el corazón de la vieja ciudad, como Sala de Armas y centro desde el que se controlara el importante comercio sedero local. La ciudad se aglutinaba en torno a espacios determinados cuya jerarquía se subrayaba por la imagen dominante de cienas edificaciones y cuyos pumas neurálgicos estuvieron constituidos por la catedral, la plaza del Mercado, hoy de Sama Domingo, y la de Santa Catalina, sede del Contraste, ocasionalmeme del municipio y permanente oficina de los escribanos.

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Escrito por Álbum Letras Artes

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