La ciudad de Murcia y el Barroco (II)

On 27 February, 2015 by Album Letras Artes

Contrarreforma y Barroco

Murcia y el Barroco. Grabado

Murcia y el Barroco. Grabado

El año 1651 fue trágico para la ciudad y su huerta. La hostil naturaleza se dejaba ver anualmente envuelta en fuertes sequías y feroces inundaciones. La de ese año, conocida como la de San Calixto, fue la más atroz de todas, pues, al paso de las aguas, fueron desapareciendo cosechas y vidas humanas, arruinándose la mayor parte de sus edificios. El lógico desastre fue seguido de reparaciones de urgencia, pero sobre todo de una renovación de las defensas y de un espontáneo programa de reedificaciones.

Nuevos retablos e iglesias trataron de afrontar la ruina consiguiente que no se consolidaría hasta alcanzar la bonanza económica del siglo XVIII. Con anterioridad la nueva iglesia del Monasterio de Santa Clara la Real proyectada por el ingeniero Melchor de Luzón, fue la construcción más significativa.

Sin embargo, la segunda mitad del siglo XVII experimentó un giro sustancial. La renovación, que introdujo a la ciudad en los ámbitos del verdadero barroco, vino propiciada por diversas circunstancias. Por una parte, la edificación de la Capilla de la Arrixaca en el antiguo convento de San Agustín y la Ermita de Jesús, patrocinada por la importante cofradía que anualmente salía a la calle en Viernes Santo, marcaron, aunque con diferente trayectoria ulterior, el triunfo de unas formas barrocas basadas en la planta central. Mientras la primera hubo de sufrir las veleidades del destino, al sucumbir ante el triunfo arrollador del culto a la nueva patrona de la ciudad (la Virgen de la Fuensanta) y el consiguiente olvido del antiquísimo testimonio alfonsí (Virgen de la Arrixaca), la segunda fue el testigo del poder creciente de las nuevas cofradías pasionarias. Acabada en 1696, la ermita de Jesús fue la destinataria de los “pasos” procesionales de Francisco Salzillo realizados entre 1752-1778. Un aire de renovación presidía el ambiente artístico murciano con planteamientos nuevos en el retablo (columnas salomónicas, movilidad de plantas, abundancia decorativa) y la singular presencia, desde las dos últimas décadas del siglo, del genial escultor Nicolás de Bussy. Los comienzos del verdadero barroco tuvieron en Murcia y en la ciudad de Lorca a sus más brillantes cultivadores y esta fecunda secuencia sólo fue posible por la prosperidad económica reinante. 

Murcia y el Barroco. Francisco Salzillo

Murcia y el Barroco. Francisco Salzillo

Nacido en Estrasburgo y llegado a España, según se cree en el cortejo de D. Juan José de Austria, el escultor Nicolás de Bussy convulsionó el ambiente artístico local que hasta entonces se había servido de modestos escultores o de sus vecinos granadinos (Alonso Cano y Pedro de Mena) cuando quería disponer de obras de mayor envergadura. Importante fue la labor realizada por este artista en el campo de la escultura procesional. En la cofradía de la Preciosísima Sangre encontró la oportunidad de realizar sus mejores obras, entre las que destaca el titular (Cristo de la Sangre), acaso la más espectacular versión de un crucificado visto hasta entonces.

La idea de la muerte da paso a una simbólica representación en la que Cristo, andando, reproduce las escenas del Místico Lagar. Esta circunstancia permite la adaptación de su singular composición a las cualidades esenciales de una imagen en movimiento, como puede apreciarse al desfilar en la noche del miércoles santo.

El triunfo del barroco. Murcia en el siglo XVIII

Este nuevo panorama no era más que el preludio de la página más importante de todo el barroco local desplegada a lo largo del siglo XVIII. La Guerra de Sucesión y la prosperidad económica surgida en las dos últimas décadas del siglo anterior convirtieron a Murcia en un importante foco artístico y en lugar desde el que importantes personalidades se proyectaron a la vida nacional. El cardenal Belluga, el conde de Floridablanca, Jaime Bort o Francisco Salzillo fueron a lo largo de la centuria las figuras más destacadas como ejes de una política de reconstrucción interior o como ejecutores de las obras de arquitectura, escultura y ornamentación (fachada principal de La catedra y “pasos” de viernes santo) que convirtieron a Murcia en un foco creativo de primer orden en el arte español.

Murcia y el Barroco. Francisco Salzillo

Murcia y el Barroco. Francisco Salzillo

Entre 1721 y 1769 se edificaron las principales parroquias e iglesias de la ciudad: San Antolín, San Andrés, Verónicas, Santa Eulalia, Los Jerónimos, San Nicolás, Santa Ana, Santo Domingo o San Juan de Dios, protagonistas de una efervescencia constructiva que hizo de Murcia una ciudad esencialmente barroca. En sus interiores la nueva decoración puso un énfasis especial en la renovación del santuario cristiano presidido por retablos arquitectónicos, cuyas trazas, realizadas en su mayoría por artistas oriolanos, comenzaron a poblarse de las esculturas de Francisco Salzillo.

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Escrito por Álbum Letras Artes

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