Photography now

On 20 September, 2013 by Album Letras Artes
Mark Hooper

Mark Hooper

Desde el momento mismo de su invención la fotografía fue acompañada de un debate. Según unos se trataba en verdad de una nueva disciplina artística, mientras que otros opinaban que no se trataba de un arte propiamente dicho, sino que era simplemente una nueva técnica de reproducción mecánica de las imágenes. Afortunadamente este debate parece haberse agotado, puesto que en la actualidad ya nadie parece dudar de que la fotografía sea arte e, incluso, parece ser obvio para todos que en definitiva la fotografía y las técnicas de ella derivadas son las modalidades artísticas que más ha contribuido a configurar en su totalidad el arte de finales del siglo XX.

Y si es evidente para todos que la fotografía ha ayudado a configurar el arte moderno en su totalidad, no lo es sólo porque en la actualidad los museos y las galerías más prestigiosas del mundo presentan exposiciones fotográficas y son numerosos los fotógrafos que son considerados al mismo nivel que los más reputados pintores, sino también, y sobre todo, porque la fotografía y ese otro arte que de ella se deriva, el cinematográfico, han hecho sin ninguna duda evolucionar radicalmente nuestra percepción estética e incluso nuestra aprehensión de la propia realidad. Seamos conscientes de ello o no, ya no vemos el mundo de la misma manera que lo veían nuestros ancestros.

En un texto famoso de Walter Benjamín, La obra de arte en la era de la reproducción mecánica, ya se hablaba del “inconsciente óptico” y de la capacidad de la fotografía de abrir espacios que antes sólo existían en los sueños; de hacer aparecer cosas que nunca habían sido contempla-das conscientemente, ni habían sido, por supuesto, reproducidas.

Hay aparentemente en nuestro espíritu una necesidad que podríamos llamar iconológica, una necesidad de fijar para siempre el instante, de intentar hacerlo eterno. La foto-grafía lo que hizo fue dar cuerpo a la ilusión. Y hacerlo además de manera objetiva, La imagen detiene artificial-mente el fluir del tiempo, fijando para siempre un instante, pero tam-bién manipula el espacio, delimitando, encuadrando, lo que en ver-dad no tiene límites .Más allá del uso que de ellas mecánica, aparentemente sin necesidad de nuestra subjetividad. Era la propia luz la que estampaba las formas, sin necesidad de nuestra ayuda. Pero aunque esto pudiese parecer cierto, no lo era, puesto que la nueva técnica no era en realidad sino la conclusión de un largo proceso de domesticación de las sombras y los reflejos. Un artificio fruto de nuestro ingenio.

Una imagen es, antes que visible, legible, es decir, es antes quenada elemento de un lenguaje. Y esto aun en aquellas imágenes más radicalmente alejadas de toda voluntad descriptiva o narrativa. A pesar de estar consideradas los más fieles testimonios de la realidad, lo que las fotografías muestran no puede ser sino irrealidad, puesto que son interrupción del constante fluir de la realidad.

Más allá del uso que de ellas se haga, las fotografías son, antes que espejos, símbolos. Y esto es evidente incluso en las fotografías familiares, objetos de nostalgia y emblemas de la memoria antes que constatación de determinadas fisionomías. Lo que está en juego no es la verdadera topo-nimia que pueden tener los objetos materiales, sino la verdad y el fundamento de nuestra capacidad de representar. Por decirlo con un término muy vinculado a la fotografía actual, de lo que se trata es de nuestra propia capacidad de virtualizar, de soñar –y de reflexionar- posibilidades. Las imágenes nos permiten configurar el sentido, apreciar la belleza, captar afinidades. Nos permiten aproximarnos a la verdad que nos interesa, que es la que genera y motiva nuestras visiones, la que da forma a nuestros modelos, la que orienta nuestros posicionamientos y perspectivas, la que rige nuestra percepción del mundo. Y esta es en definitiva la verdad que ponen en relieve las buenas fotografías.

Entre las fotografías que ilustran este artículo son numerosas las que parecen empeñadas en abrir a la mente esos nuevos espacios de los que hablaba Benjamín. Así, la línea de extraña fantasía del colectivo ruso AES&F, los visitantes del espacio sugeridos en el paisaje rural de Gregory Crewdson, la extraña atmósfera creada por Hannah Starkey, con esa mamá disfrazada de conejito de inquietantes reminiscencias sicoanalíticas, la serie surrealista de Mark Hooper, las lácteas epidermis de las adolescentes retratadas por Howard Schatz, y, por supuesto, las maravillosas flores de john Huet.

 

Álbum Letras Artes

Escrito por Álbum Letras Artes

Comments are closed.