La sombra. Museo Thyssen-Bornemisza / Fundación Caja Madrid

On 17 February, 2014 by Album Letras Artes
Revista de arte - La mañana angustiada

La mañana angustiada, 1912- Giorgio de Chirico

Cada exposición está motivada por razones diferentes y tiene por ello diferentes propósitos, diferentes objetivos. Unas son retrospectivas, más o menos exhaustivas, de la obra de un pintor, aunque, como por ejemplo en la pasada exposición dedicada a Modigliani, se incluyan también en ella, para situar mejor al artista en su contexto o para destacar determinados aspectos de su pintura, algunas obras de otros pintores. En otras ocasiones lo que se busca es mostrar una determinada corriente artística o un determinado periodo, así la reciente exposición sobre las relaciones entre la Primera Guerra Mundial y las Vanguardias. Finalmente, hay exposiciones que están concebidas como ilustración de una idea o concepto, sea este el Amor, el Viaje o, como en esta ocasión, la Sombra.

El origen de esta muestra se halla en un libro de reciente publicación, la Breve historia de la sombra de Victor I. Stoichita, un profesor rumano muy interesado en el arte español que es, desde 1991, catedrático de Historia del Arte en la universidad suiza de Friburgo. Un libro que, como dice el propio director artístico del Museo, “estaba pidiendo a gritos convertirse en una exposición”. En cualquier caso el punto de partida de la exposición, como el del libro, es la fábula a propósito del origen de la pintura relatada por Plinio el Viejo. “La primera obra de este tipo la hizo en arcilla el alfarero Butades de Sición, en Corinto, sobre una idea de su hija, enamorada de un joven que iba a abandonar la ciudad. La muchacha fijó con líneas los contornos del perfil de su amante sobre la pared a la luz de una vela”. Así, la primera sección de esta exposición, La invención de la pintura, presenta media docena de lienzos tratando este tema; obras que van desde el siglo XVII a los años finales del siglo XX (con un cuadro titulado Los orígenes del Realismo Socialista, de la serie Realismo Socialista Nostálgico, en el que la sombra proyectada cuyos contornos se fijan es la del propio Stalin), pasando por algunos ejemplos del periodo neoclásico, como La doncella corintia, de Joseph Wright de Derby.

Aunque la sombra tiene evidentemente muchas acepciones, que van de lo nocturno a lo ignorado, pasando por aquellas que asocian a las sombras con los espectros y las apariciones vagas y fantásticas, con lo siniestro y lo misterioso, en realidad la sombra simplemente es, en un principio, la proyección oscura que un cuerpo lanza en el espacio en dirección opuesta a aquella de donde viene la luz. Una proyección que indica y acentúa el volumen de los objetos. Aunque en numerosas ocasiones, y todo a lo largo de la historia de la pintura, incluso ese aspecto más realista de las sombras, es decir, esas sombras creadas por los objetos que acentúan su tridimensionalidad, han sido utilizadas, precisamente por ello, para crear trampojos, ilusiones ópticas. Así, por ejemplo, en el Díptico de la anunciación de Van Eyck las sombras de las figuras que representan ser estatuas, se proyectan sobre el dintel del hueco que les sirve de hornacina; en El predicador Jan Cornelius Sylvius de Rembrandt las sombras también exceden el óvalo que enmarca al predicador, que efectivamente parece salirse del marco e inclinarse hacia nosotros argumentando su homilía; y en el Bailarín bajo el cielo de Max Ernst la sombra de la figura también se proyecta sobre el auténtico relieve de ese muro de cartón que convierte al cuadro en un pequeño teatro.

En 1913 Giorgio de Chirico  había declarado, de forma programática, que “hay más enigmas en la sombra de un hombre que camina al sol que en todas las religiones pasadas, presentes y futuras”. Esta afirmación algo provocativa hubo de servir como leitmotif en el conjunto de imágenes de la pintura metafísica. Sus cuadros de esta época muestran espacios urbanos oníricos, poblados sólo de estatuas, chimeneas y sombras, e impregnados de un ambiente extraño de silencio y soledad.

Aunque influenciado por De Chirico, con quien se relacionó durante su estancia en Italia, muy otro es el juego al que parecen entregarse las sombras del cuadro de Gregorio Prieto, pintado tras su viaje al Oriente, momento en que su pintura se puebla de marinos e iconografía homoerótica. Y también muy diferentes son, por muchas razones, las sombras que planean sobre el cuadro de Alfonso Ponce de León titulado Accidente, pues las más inquietantes y tenebrosas de todas ellas no son las que tienen su origen en el faro del coche que se ha salido de la carretera, sino las que proyecta sobre el lienzo el trágico destino de su autor, pintor falangista fusilado muy poco tiempo después de finalizar este cuadro.

Sombras contorneando siluetas y bultos. Sombras espectrales, como la que se deja ver tras el doctor Haustein en el retrato pintado por Christian Schad (imagen -dicen- de la amante morfinómana de este ginecólogo judío). Pero también las extrañas sombras de los oníricos mundos creados por los surrealistas, Dalí, Tanguy, Magritte, Delvaux o por pintores como Carel Willink, uno de los más representativos pintores del llamado realismo mágico holandés, una corriente poco conocida en España aunque Álbum le dedicó recientemente un artículo en el que ya aparecían algunas obras de Willink.

Muy bellos e interesantes son también los ejemplos que se muestran en esta exposición de los pintores españoles, Sorolla, Rusiñol y Regoyos. Y fantástica por supuesto la genial variación del tema del artista y su modelo titulada La sombra sobre la mujer de Picasso, en la que la sombra del pintor cubre inquietante y erótica a la maja que yace.

Por último, al más de un centenar de pinturas se une la espléndida selección de fotografías y la proyección ininterrumpida de algunos fragmentos inolvidables de la historia del cine protagonizados por las sombras.

Album Letras Artes – Revista de arte

Escrito por Álbum Letras Artes

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