Tamara de Lempicka (I)

On 10 February, 2015 by Album Letras Artes

Tamara de Lempicka, pintura Art Decò

Tamara de Lempicka

Tamara de Lempicka

El barman prepara un cocktail en el fondo de Montparnasse, y el negro que sonríe sin cesar se mueve al sincopado ritmo del “tac-tac”. Suena el saxofón: ¡Ha llegado el jazz! París brilla e invita a trepidantes noches de diversión. Las boites están repletas y se baila con frenesí el nuevo charlestón. Olvidando las curvas la mujer sigue el dictado de Poiret. Coco Chanel propone una “Garçonne” que conduce, fuma y bebe con absoluta despreocupación. ¿Has leido la Gazzette du Son Ton? ¡Hay que ser snob! Moverse y amar la fugacidad: es la erótica de la velocidad. El “tout le monde” se reune en el casino, el club o el cabaret. Crepes, satin moire, velours chiffon…¿Comment ça va? Las puertas de cristal giran sin cesar y se busca sin descanso la felicidad. Todo rápido y sin pensar, lo importante es no parar… Son los increíbles “Années Folles”, “Twenties”, “Felices Veinte” de Tamara de Lempicka.

Al inicio de esos años locos llegó a París una pintora de origen polaco cuya aureola mundana se ha impuesto a los propios cuadros. Una artista de la que casi todos conocemos su autorretrato -¿quién no ha visto alguna vez su insinuante rostro tras el volante de un coche de carreras?- pero pocos recuerdan su nombre y menos aún han podido disfrutar del conjunto de su obra; una obra que, dispersa y fragmentada, pertenece en un alto porcentaje a colecciones privadas y sólo ocasionalmente ha podido ser reunida para exposiciones antológicas. Estoy hablando de Tamara de Lempicka, una atractiva mujer que atraviesa con rapidez la bohemia de Montparnasse para entrar en un mundo de élite. Elegante y sensual, enamora a la alta sociedad parisina. 

Tamara de Lempicka, autorretrato

Tamara de Lempicka, autorretrato

Tamara Lempicka queda ajena al febril ritmo de charlestón y a las masificadas calles desbordantes de luces y risas. Ella permanecerá definitivamente unida a círculos minoritarios, refinados y cultos que apuestan por lo nuevo mediante una personal simbiosis de la sofisticación del “bon gout” y el funcionalismo del “esprit nouveau”. Rodeada de lujo, se convierte en la retratista de moda de una aristocracia y burguesía que aprecia el talento de una pintora que los refleja con extraño realismo.

Si la biografía de Tamara de Lempicka puede considerarse confusa, la bibliografía era casi inexistente -hace algunos años pude leer en una revista especializada una nota solicitando entrar en contacto con poseedores de cuadros suyos. La finalidad era confeccionar un catálogo lo más completo posible de su obra- La mayoría de datos tenemos que encontrarlos en entrevistas, recortes de periódico, notas de sociedad o los constantes rumores que siempre rodearon a esta dama llamada a la fama.

Tamara de Lempicka, Retrato del Doctor Boucard

Tamara de Lempicka, Retrato del Doctor Boucard

Tamara nació en Varsovia en 1898. Estudia en la Academia Imperial de Bellas Artes de San Petersburgo, y huye de la Rusia bolchevique -acompañada por su esposo Lempicki-, llegando a París alrededor de 1923. El matrimonio tiene una hija -Kizzette- y vive en la rue Maupassant en Auteuil. Separados en 1928, la pintora seguirá conservando el nombre del marido. A los cinco años, en Suiza, se casó con el húngaro Barón Raol Kuffne -de ahí el título de baronesa-, hombre adinerado que era bien conocido en la alta sociedad cosmopolita de ambos lados del Atlántico. 

Tamara de Lempicka, Retrato de Madame Boucard

Tamara de Lempicka, Retrato de Madame Boucard

Con él vivió en una villa de tres plantas en la rue Mechain, al lado del Observatoire. Edificio y mobiliario, ambos creados por el arquitecto “cubista” Mollet-Stevens, eran de concepción tan sorprendente y avanzada que dieron mucho que hablar. Sus fiestas fueron punto de reunión de aristócratas, embajadores, financieros y artistas. Cuando a partir de 1939 deciden afincarse en los Estados Unidos, la pareja no dejará de llamar la atención. Durante dos años viajaron entre New York y Chicago, Santa Fé y las Montañas Rocosas donde, al igual que en Beberly Hills, tenían un “refugio” y el barón se entretenía cazando como era su gran afición. Sus “soirées” adquirieron prestigio, y en el estudio de la artista no era infrecuente la presencia de nombres como Annabella, Dolores del Río, Tyrone Power, o incluso Garbo. 

 

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Escrito por Álbum Letras Artes

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