Tamara de Lempicka (II)

On 10 February, 2015 by Album Letras Artes

Tamara de Lempicka, pintura Art Decò

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Tamara de Lempicka, Retrato de Madame M.

Tamara de Lempicka, Retrato de Madame M.

 (Continuación)Tamara de Lempicka siguió pintando, exponiendo, y cometiendo excentricidades, pero de nuevo todo rastro queda difuminado y, a pesar de quedar cercana a la American Scene, es más conocida como Baronesa Kuffner que como Tamara de Lempicka. La única gran antológica sobre su obra -Galeríe du Luxembourg, París 1972-, se limitó a la época parisina.

Desde siempre Tamara vistió con sofisticada elegancia -“reclinada sobre un sofá azul llevando un traje de blanco satín forrado de marabú” y su enorme poder de seducción provocó fuertes pasiones en personajes de renombre. El futurista Marinetti las vivió, pero el episodio más famoso quizás sea su huída del Vittorale en 1927 dejando a un d’Annunzio envejecido hundido en el fracaso. Según comenta Foschini -que entrevistó a Lempicka en Capri- el escritor la invitó con la idea de que le hiciera un retrato. Tras varios días de acecho que no dieron resultado, irrumpió desesperado en la exótica y recargada habitación Leda implorando sus favores. Como respuesta recibió un frío silencio. Lempicka era bella, no hay duda, pero esto no debe ocultar la personalidad ágil e inteligente, inquieta, que le indujo a tomar contacto con lo “nuevo” que entonces nacía en París. 

Tamara de Lempicka, Retrato de hombre con gabán

Tamara de Lempicka, Retrato de hombre con gabán

Desde la llegada a Francia se preocupó por perfeccionar su técnica pictórica. Con el primer profesor, el nabis Maurice Denis, estuvo poco tiempo, mas posiblemente de él aprendió a simplificar las formas y a utilizar el color. El segundo profesor, André Lhote, tuvo mucha más influencia. Lhote, pionero del cubismo sintético, concibe el cuadro como rigurosa combinación de planos y colores -cada color tiene su role-. Al igual que en todos los neocubistas, la geometrización pierde virulencia y el fin perseguido tiene un claro valor decorativo. A estas ideas que transmitió a Tamara, Lhote añadió otra: le enseñó a apreciar el clasicismo de Ingres destacando el alto valor de sus desnudos.

El “Neotradicionalismo” de Denis, el cubismo sintético de Lhote y el “tubismo” de Léger se funden en la obra de Lempicka. Ella los une a una monumentalidad y cuidado en la línea próximos a Ingres y al vigente “clasicismo” propugnado por el “Rappel a I’ordre”. Aunque sorprendentemente pintó obras de carácter seudoreligioso -por ejemplo recibió un premio por el cuadro titulado “El Comulgante”-, la obra de Tamara es en esencia retratos y desnudos.

Tamara de Lempicka, Grupo de desnudos

Tamara de Lempicka, Grupo de desnudos

El conjunto de retratos puede en una primera mirada parecer demasiado racional y frío: incluso monótono. Si lo observamos atentamente cada rostro habla con fuerza propia y define una personalidad: junto a una hábil técnica y acabado impecable coexiste una profunda valoración de la psicología del modelo. Este acabado impecable y valoración psicológica la conducen a terrenos que recuerdan a la Neue Sachlinchkeit (Nueva Objetividad Alemana) de Grosz, Dix y, sobre todo, Schad -claro está, perdiendo toda agresividad social-. En los desnudos esta frialdad parece mucho más cerebral.

Las posturas en ocasiones son tan estáticas que semejan estatuas. Pero de nuevo aparece la sorpresa y tras esta aparente rigidez surgen cuerpos casi tocables, absolutamente carnales, y la voluptuosidad adquiere tal climax que lo sensual se torna sexual, provocativo y casi escandaloso. En retratos y desnudos los fondos merecen especial atención. Las formas se desintegran en análisis geométricos -lineales o arciformes- convirtiéndose en verdaderos estudios cubistas del color. Ocasionalmente, junto a estos análisis aparecen ciudades sin perspectiva donde las casas se apiñan cual montón de cubitos. Esta fragmentación la encontramos también en la construcción de algunos trajes, cuerpos, y en el paralelismo de éstos con algunos elementos accesorios. 

Tamara de Lempicka, Retrato del Gran Duque Gabriel

Tamara de Lempicka, Retrato del Gran Duque Gabriel

Hedonista, sibarita, excéntrica, Tamara de Lempicka (1898-1980) fue una mujer inteligente y atractiva que siempre se mantuvo unida a una élite económica, intelectual y artística. Los personajes de sus retratos, impecables y perfectamente vestidos, son muestra evidente de este elitismo y reflejo de su propia vida; una vida que puede ser calificada de frívola aunque ello esconde, sin duda, una callada envidia. En su obra, escasa y bastante desconocida, la síntesis de cubismo, clasicismo y realismo, no pierde el carácter decorativo propio del período pero supera el estereotipo de Años Veinte-Art Decó con el que habitualmente se la identifica. La pintura de Tamara de Lempicka tiene un encanto sumamente personal. Resulta extraño que, en general, se le haya prestado tan poca atención.

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Escrito por Álbum Letras Artes

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