Carta de Kandinsky sobre Der Blaue Reiter

On 27 February, 2015 by Album Letras Artes

Estimado Sr. Westheim:

Me pide que evoque mis recuerdos sobre la aparición de Der Blaue Reiter. Hoy, este deseo está justificado y lo satisfago gustoso.
Al cabo de tantos años la atmósfera intelectual ha cambiado fundamentalmente en ese Munich, tan bello y tan amado. El barrio de Schwabing, entonces ruidoso e inquieto ha enmudecido; ni un solo sonido se propaga desde allí. Lástima del bello Munich y más lástima aún de aquel Schwabing, algo cómico, bastante excéntrico y pretencioso, en cuyas calles llamaba pronto la atención una persona, hombre o mujer, que no llevase una paleta, una tela o, al menos, una carpeta bajo el brazo. Como un «extraño» en un «nido». Todo el mundo pintaba… o escribía poesía, o componía música, o se ponía a bailar.

Allí viví durante muchos años. Allí pinté mi primer cuadro abstracto. Allí encaminé mis pensamientos hacia la pintura «pura», el arte puro. Yo buscaba, procedía «analíticamente». tratando de descubrir relaciones sintéticas: soñaba con la «gran síntesis» futura, me sentía obligado a comunicar mis ideas, no sólo a las islas que me rodeaban, sino también a los hombres que estaban fuera de estas islas. Lo consideraba fructífero y necesario.
Así surgíó por sí mismo, de mis notas a vuela pluma «pro domo sua», mi primer libro Uber das Geistige in der Kunst (De lo espiritual en el Arte). Lo había terminado en 1910 y lo había dejado en un cajón, ya que ni un solo editor tuvo el valor para arriesgar algunos gastos de editorial (en definitiva bastante reducidos). Ni siquiera la cálida ayuda del gran Hugo van Tschudi sirvió para algo.
Por la misma época maduró mi deseo de componer un libro (una especie de almanaque) en el que participasen como autores artistas exclusivamente. Yo soñaba, en primer lugar, con pintores y músicos. La perniciosa separación entre un arte y otro, y también entre el «Arte» (con mayúscula) y el arte popular e infantil, y la etnografia (mi entusiasmo por la etnografia es antiguo: cuando era estudiante en la Universidad de Moscú me dí cuenta, aunque de forma un tanto inconsciente, de que la etnografía era a la vez arte y ciencia).
El hecho decisivo fue, sin embargo, la impresión sobrecogedora que experimenté más tarde en Berlín, en el Museo Etnográfico, ante el arte negro; los gruesos muros construidos entre unos fenómenos que a mis ojos eran tan parecidos y con frecuencia idénticos; en una palabra, las relaciones sintéticas entre ellos, no me dejaban descansar. Hoy puede parecer extraño que durante mucho tiempo no consiguiese encontrar ningún colaborador, ningún medio, ni siquiera ningún interés por esta idea.

Conocí entonces a Schonberg y encontré en él a un adepto entusiasta de las ideas de Der Blaue Reiter. (Entonces sólo hubo un intercambio de correspondencia, el conocimiento personal llegó bastante más tarde).
Yo ya estaba en contacto con algunos futuros autores. Se trataba de Der Blaue Reiter en espíritu, pero sin perspectivas de tomar forma corpórea. Y entonces llegó Franz Marc desde SindelsdOlf Bastó una conversación: nos entendimos completamente. En este hombre inolvidable encontré un ejemplar, muy raro entonces (¿es hoy menos raro?), de artista que podía ver por muy por encima de los límites de una «granja colectiva » y que no sólo exteriormente, sino también interiormente, estaba en contra de unas tradiciones paralizadoras.
La aparición de De lo espiritual en el Arte en la editorial R. Piper debo agradecérsela a Franz Marc: él fue quien allanó el camino. Durante muchos días, durante muchas tardes y, de vez en cuando, incluso hasta altas horas de la noche, discutimos nuestra forma de proceder.
Ambos veíamos claramente que teníamos que actuar de forma rigurosamente dictatorial: plena libertad para la realización de las ideas materializadas. Franz Marc trajo una fuerza muy efectiva con August Macke, que entonces era muy joven. Le asignamos la misión de recoger el material etnográfico, a lo que nosotros ayudamos también. Resolvió su tarea brillantemente y se le asignó otra, la de escribir un artículo sobre máscaras, que también resolvió. Yo me ocupé de los rusos (pintores, compositores, teóricos) y traduje sus artículos. Marc trajo de Berlín un gran número de láminas: se trataba de obras del grupo «Die Briicke», que acababa de fundarse y que en Munich era totalmente desconocido.

«¡Artista, crea y no hables!» nos escribían y nos decían algunos colegas al mismo tiempo que rechazaban nuestra petición de enviarnos artículos. Todo esto entra, sin embargo, en el capítulo de las renuncias, luchas, indignaciones, que aquí no vamos a tocar. Había prisa! Poco antes de la aparición del libro, Franz Marc y yo organizamos la 1ª Exposición de la redacción de Der Blaue Reiter (el nombre «Der Blaue Reiter» -El jinete azul- lo inventamos en una mesa de café en el Gartenlaube de Sindelsdorf; a ambos nos gustaba el azul, a Marc los caballos y a mí los jinetes.

Así vino por sí solo el nombre. Y el fabuloso café de Frau Marie Marc nos sentó aún mejor); la exposición se celebró en la Galería Thannhauser, y la base fue la misma del libro: no propagar una «dirección» determinada y exclusiva, sino colocar unas junto a otras las más distintas creaciones de la nueva pintura internacional y… dictadura, «… del mismo modo que difieren los deseos interiores de los artistas», escribí en la introducción.

La segunda (y última) exposición se celebró en la galería recién inaugurada, de Hans Goltz, quien hace unos dos años, poco antes de su muerte, me escribió con gran entusiasmo sobre esta famosa época. Mi vecino en Schwabing fue Paul Klee. Entonces era aún muy «pequeño». Puedo afirmar, sin embargo, con justificado orgullo, que en sus dibujos de aquella época (aún no pintaba) ya olfateé al gran Klee posterior. En Der Blaue Reiter puede verse un dibujo suyo.

Mi plan más detallado para el siguiente volumen de Der Blaue Reiter fue colocar una junto a otra el Arte y la Ciencia: origen, metodología, objeto. Hoy sé mucho mejor que entonces cuántas raíces pequeñas pueden salir de una única mayor: trabajo para el futuro. Pero entonces vino la guerra y se llevó todos estos planes.
Lo que es realmente necesario (interiormente!) puede aplazarse, pero nunca desarraigarse.

Con mis mejores saludos, suyo, Kandinsky.

(sobre Der Blaue Reiter. Aparecido en Das Kunstblatt, 1930)

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Escrito por Álbum Letras Artes

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