Francis Bacon, cuando el pincel se sujeta con la vísceras

On 19 January, 2015 by Album Letras Artes
Francis Bacon - Album Letras Artes

Francis Bacon – Album Letras Artes

Francis Bacon no abre caminos en el arte, sino que los cierra, a diferencia de los modernos que están en grupo, acompañados, con colegas, comentaristas, en tertulias.

Él se encuentra solo, sin compañeros de viaje. Lo manifiesta en sus entrevistas, se refiere a no tener a nadie con quien hablar, se siente huérfano en el arte. Está aislado, tanto del pasado, de un modernismo que le precede y con el cual no se identifica, como de un postmodernismo que, según él, “va perdiendo la honestidad expresiva”.

En la obra de Francis Bacon (Dublín, 1909- Madrid,1992) no encontramos las temáticas gravitantes que abordaron los modernos, las guerras, el discurso político, las crisis y sus variantes, ni tampoco entra en la búsqueda desesperada del impacto deconstructivo del postmodernismo.

 Se centra en el protagonista de todo ello al desnudo, el ser humano despojado y encerrado, ya sea en arquitecturas lineales que recrean espacios o con grandes fondos casi planos. Muchas veces, recurriendo al elemento más que simbólico de la flecha que señala el objetivo, el animal humano, asegurándose de que no le perdamos de vista, como si eso fuera posible.

Un artista de figura humana, que no necesita ni maquillarla ni decorarla sino, muy al contrario, desnudarla y diseccionarla hasta el límite exacto antes de perder su identidad, ni un milímetro antes ni uno después. Sitúa la imagen en la muy difícil de encontrar frontera que existe entre la belleza y el horror de lo humano.

Obra de muy compleja clasificación, le han llamado informalista, expresionista, surrealista y racionalista, pero lo cierto es que no participó de ningún movimiento artístico. Bacon, cuyo trabajo cobraría intensidad hacia finales de la Segunda Guerra Mundial, es un artista de lo esencial que jamás pierde en la fuerza de sus imágenes la belleza. 

Estudio de George Dyer en un espejo, 1968, Francis Bacon

Estudio de George Dyer en un espejo, 1968, Francis Bacon

Osado en la paleta, nunca deja de lado la sobriedad. Las obras se conforman en una relación casi sadomasoquista entre sí mismas y con el espectador, retroalimentando el concepto de placer-dolor de manera continua. Nos participa casi siempre de una trinidad humana, aludiendo a lo divino pero sin permitirle entrar, estando dentro. En sus cuadros no podemos saber hasta que punto conforma una imagen o la deforma, la configura o la desfigura.

Francis Bacon, Un artista visceral

Un pintor con las manos en las entrañas, en la profundidad, matérico y revuelto. Un artista prolífico, incansable, amante de lo grande y lo pequeño.

Hablar de Francis Bacon es hablar de una sociedad en descomposición, del animal muerto al lado de las vías, de la desestructuración que venimos sufriendo socialmente a todos los niveles, con una visión casi premonitoria.

Su obra es un moretón en el rostro, un golpe con huella. Su obra es herida abierta, el periscopio de un algo que estaba gestándose en la profundidad y que hoy podemos oler con desagrado a nuestro alrededor.

Simplemente nos mostró el monstruo que todos llevamos dentro, el monstruo bello, el monstruo feo, el monstruo reconocible, el que precisamente no queremos ver, cambiando los espejos por vidas diseñadas y compradas en grandes almacenes.

Cabeza VI, 1949, Francis Bacon

Cabeza VI, 1949, Francis Bacon

 

Bacon sabe de fronteras y desarraigos. Vivió enLondres, Berlín y París, así como en la costa de Francia y el norte de África. Quizás también por ello, pinta en el límite, como si supiese que dar un paso más significaría caer en la locura. Él se detiene en el borde. Lo figurativo en su obra se convierte en línea de disección, como si en lugar de pinceles trazara con un bisturí esa delgada estría sangrante que lo separa del abismo abstracto.

 

Un hombre con la grandeza de los pocos seres capaces de reírse de sí mismos públicamente. Un hombre capaz de coagular en un lienzo las arterias del animal humano descarnado. Un hombre construido como sus cuadros por superposición de capas y trazos de desgarro, rodeado de pérdidas y de preguntas sin respuestas, encerrado en el fondo de un vaso vacío por el que ve el mundo a través de su base deformante. Un hombre fascinado con la imagen de las bocas y los dientes. Fauces en las que convirtió a sus pinceles para, luego de tragarse el mundo y llevarlo hasta sus vísceras, vomitarlo. 

 

Retrato de Isabel Rawsthorne en el Soho, 1967, Francis Bacon

Retrato de Isabel Rawsthorne en el Soho, 1967, Francis Bacon

Francis Bacon

Francis Bacon

 

 

   
Escrito por Álbum Letras Artes

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