Pintura contemporánea madrileña de los 70. Los esquizos de Madrid

On 30 January, 2015 by Album Letras Artes
Pintura contemporánea madrileña

Revista de arte. Sansón y Dalila, 1981, Guillermo Pérez Villalta.

Pintura Contemporánea madrileña de los 70

Quizás porque son cosas en las que todos, de una manera o de otra, hemos participado, en toda esta historia hay algo de la mecánica de los sueños. Todo parece querer desarrollarse alrededor de algo –impreciso pero a lo que constantemente se alude que aconteció en determinado lugar, en este caso Madrid, en un determinado momento, la por tantas razones importante década de los setenta; algo que se convertiría así en la clave que podría hacernos comprensible el presente de este excepcional grupo de obras que ahora tenemos la suerte de ver reunidas, o, incluso, desvelarnos algo de su futuro, de su ubicación en la historia de la pintura contemporánea.

Sin embargo ya el desaparecido Quico Rivas, iniciador del proyecto, nos advertía hace ya mucho tiempo, en el comienzo de todo esto, que para este grupo de artistas, la llamada Figuración Madrileña de los 70: “No se trata de dar marcha atrás al reloj de la Historia, sino de enfrentarse a una aventura apasionante: avanzar hacia delante y en solitario a través de los oscuros espejos de la tradición, de todas las tradiciones, tanto pretéritas como modernas, sin renunciar a ninguna, hasta sacar (cada uno de los miembros del grupo) sus propias conclusiones. Toda una generación se zambulló de golpe en ese cofre de truenos y sorpresas que es la historia de la pintura contemporánea. Allí se pescaba de todo, había para todos, y era posible practicar las operaciones sincréticas más arriesgadas, los ejercicios diacrónicos e incluso deportivos más disparatados. Todo estaba por aprender y por describir. Y así seguimos”

Pintura contemporánea madrileña

Carlos Alcolea. La ciega veneciana, 1984

Como cuenta María Escribano, fue en los últimos años de la década de los sesenta  y primeros de los setenta cuando coincidió en Madrid un grupo de jóvenes, unos de la ciudad, como el propio Javier Utray, los primos Pérez-Minguez o Carlos Franco, y otros llegados de diferentes lugares, como Herminio Molero, que venía de Toledo, o los procedentes de Andalucía, Luís Gordillo, Manolo Quejido, Carlos Alcolea, Guillermo Pérez Villalta o el más joven de todos ellos, Chema Cobo, que se sumaría un poco más tarde. Con la excepción de Gordillo, nacido en 1934, todos habían nacido poco antes o poco después del año cincuenta, por lo que tenían entonces en torno a los veinte años.

Pintura contemporánea madrileña

Carlos Franco. La Ninfa y el Centauro, 1985

Es cierto que todos ellos se trataron personalmente con diferentes grados de intimidad, y que coincidieron en espacios expositivos y conjuntamente en proyectos promocionales, aunque en ninguna ocasión todos a la vez. Pero como dice Juan Pablo Pert Ortega, “Lo que está menos claro es que llegaran a elaborar una base teórica que sirviera de plataforma para algún tipo de articulación grupal… La que podría consignarse como la aportación teórica más explícita, o al menos la que más pistas ofrece sobre la opción estética de la que participa, se hallaría en la definición que ofrece Guillermo Pérez Villalta del concepto de neomoderno. En una entrevista que le hizo Quico Rivas ya en 1981, y a instancias del entrevistador, Pérez Villalta advierte que aunque el concepto estaba muy en boga entre los arquitectos, pocos lo entendían, pues lo limitaban a ciertas producciones disparatadas, de formas extrañas del diseño de los años cincuenta. Para él es mucho más, es lo que no es popular ni es vanguardia…elementos que pertenecen a la vanguardia pero utilizados de manera aleatoria, no ortodoxa. Esta acepción personal prefigura ya el concepto de posmoderno”. 

En 1974 Javier Utray situaba a algunos de los pintores del grupo, Carlos Alcolea, Carlos Franco, Rafael Pérez Minguéz y Guillermo Pérez Villalta, como artistas herederos del Arte Pop, cercanos al surrealismo, al psicoanálisis, a la iconología proustiana, firmes partidarios de la intelectualización del hecho plástico y, consecuentemente, partidarios de buscar soluciones en el manierismo conceptual. 

Pintura contemporánea madrileña

Guillermo Pérez Villalta. Grupo de personas en atrio,1975

Es precisamente la influencia que según algunos ejerció el “esquizoanális” que recomendaban Deleuze y Guattari sobre el grupo –en realidad, como sucede con todos los rasgos que han intentado definirlos, minimizada o negada por algunos de sus miembros- lo que está en el origen de que se les llamase Los Esquizos de Madrid. Son los pintores del grupo barcelonés Trama, de influencias lacaniano-marxistas, quienes comenzaron a llamar así a los figurativos de Madrid.

Pintura contemporánea madrileña

Sigfrido Martin Begue. El olfato Santa Casilda, 1986

Aunque con variaciones, la lista de artistas suele ser siempre la misma: Carlos Alcolea, Chema Cobo, Carlos Franco, Herminio Molero, Rafael Pérez Minguez, Guillermo Pérez Villalta y Manolo Quejido. El también desaparecido Javier Utray, a quien se dedica un espacio en esta exposición, y que, como dice el último de sus comisarios, Iván López Munuera, “sobrevolaría por encima como punto de paso, mentor e introductor de muchos ellos, facilitando vínculos sociales. Luís Pérez Minués se dedicaría a la fotografía, Luís Gordillo, mayor que todos ellos, compartiría algunas inquietudes y sería, en cierto modo, un referente hasta mediados de los setenta. Otros, como Juan Antonio Aguirre, director de la Galería Amadís (lugar de sus primeras exposiciones), Mercedes Buades y Chiqui Abril (Galería Buades), o Gloria Kirby y Fernando Vijande (Galería Vandrés), formarían parte de su órbita, al igual que varios críticos y teóricos, como Juan Manuel Bonet, Francisco Calvo Serraller, Ángel González García, Fernando Huici o Quico Rivas. Por último, pintores como Jaime Aledo, José Luís Bola Barrionuevo, Carlos Durán, Ignacio Ezquieta, Carlos Forns, Luciano Martín, Sigfrido Martín Begué o Marga Puncel, también se situarían cerca de ellos, aunque no participaron en los debates centrales o –ya fuera por edad o por distanciamiento- no siempre se les consideró dentro del mismo entorno. Casi todos ellos aparecen retratados en posición frontal, expeditiva, en el cuadro Grupo de personas en un atrio o alegoría del arte y de la vida o del presente y del futuro (1975) de Guillermo Pérez Villalta, que ya desde el título mezclaba épocas y lugares para incidir en su carácter alegórico”.

 

Escrito por Álbum Letras Artes

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