Henri Rousseau, el aduanero (I)

On 12 February, 2015 by Album Letras Artes

Henri Rousseau, el aduanero. Pintor de sueños inexistentes

Henri Rousseau, Ensueño (detalle)

Henri Rousseau, Ensueño (detalle)

Cuando nos enfrentamos a la valoración de una obra artística parece no sólo sensato, sino incluso fundamental -y para decir esto me remito a revisar los errores de la “crítica” entendida- evitar todo juicio dogmático basado en premisas demasiado rigurosas. En el fondo de cualquier proceso creativo honrado siempre hallamos un camino singular y nuevo que se aleja de la norma; siempre late una actitud inquietante y una labor rompedora con lo aceptado hasta entonces.
¿Cuántas veces el “genio” surge ante los ojos de un crítico prestigioso que,cegado por la rigidez de sus conceptos, no es capaz de comprender el nacimiento de un espíritu creativo distinto al que no es posible enjuiciar con las reglas a las que precisamente se enfrenta?

Para Kandinsky el arte surge de la necesidad interior. Sin entrar en si esto es exacto, lo que sí parece obvio es que toda obra relevante es consecuencia de un proceso íntimo y sincero, no de la adecuación a una normativa concreta por muy socialmente -“críticamente”- que sea aceptada por las altas esferas.
En ocasiones la búsqueda de lo “nuevo” aparece como algo forzado que al final resulta ficticio. En otras -y éste es el caso de Henri Rousseau- lo nuevo emerge por senderos en los que ni el propio artista sabe que está andando. 

Henri Rousseau, Ensueño (detalle)

Henri Rousseau, Ensueño (detalle)

Sorpresivamente, sin haberlo pretendido, este tipo de pintores cristalizan una obra que resulta absolutamente personal y adelantada a su tiempo.
De Henri Rousseau son frecuentes opiniones estereotipadas que, mezcladas con lo anecdótico, luego no se ajustan claramente a su significado como pintor. La primera es considerarlo sólo un “naif’, primitivo o aficionado -“pintor de los domingos”-. La segunda interpretar que su arte se desarrolla de una manera un tanto casual y no premeditada. La tercera -por no prolongarnos- que fuera tan inocente y sin técnica como suele decirse en los textos.

Henri Rousseau (Leval 1844-París 1910) tiene el enorme mérito de habiendo salido de una familia modesta -su padre era calderero, y su casa fue subastada en la infancia para el pago de deudas- y no haber estudiado nunca arte, poner un empeño inquebrantable en ser pintor; pintor en todo el sentido de la palabra. Y, ciertamente, lo logra de manera autodidacta. De eso no hay duda, Henri Rousseau es autodidacta e intuitivo, mas su obra no puede ser calificada de implemente primitiva -a pesar de su aparente carencia de técnica-, “popular”-es totalmente ajeno a la comunidad rural-, ni aficionado -trabajó con
intención profesional para alcanzar su estilo-.

Henri Rousseau, El encantador de serpientes, 1907

Henri Rousseau, El encantador de serpientes, 1907

Rousseau tampoco tuvo jamás conciencia ni deseo de ser un “radical”. Es radical a pesar de sí mismo.

Como antes decía, Rousseau es un caso insólito de sinceridad hasta extremos insospechados. Rousseau avanza por un camino que le conduce a resultados paradójicos. Desde que decide ser pintor quiso imitar el estilo de los grandes maestros. Para ello acude a los museos estatales y copia a los artistas consagrados que son ya unos “clásicos”. Aunque en 1885 participa en el Salan des Refusés, y que desde 1886 sus cuadros están con regularidad asombrosa -sólo faltan en 1899 y 1900- en el Salon des Independants, no está nada claro que su ilusión escondida -al parecer lo intentó inicialmente- no fuera exponer en el Salón Oficial de los Artistas Franceses. Lo evidente es que los Independants le permitieron -al no existir previa selección por jurado- exponer de manera asidua todos los años. Este hecho, dado que hasta casi el final de su vida no adquirió nombre ni vendió casi cuadros, le permitió mantener contacto con el público y la
crítica. No ganaba dinero, pero era polémico, y esto le contentaba. Aún cuando la crítica fuera mordaz y le ridiculizara, él, lleno de confianza en su obra, la interpretaba como una confirmación de sus habilidades. 

Henri Rousseau, jugadores de fútbol

Henri Rousseau, jugadores de fútbol

De sus contemporáneos pocos son los que captan su “revolucionaria” manera de pintar. Las opiniones no pueden ser más contrapuestas: unos le acusan de extremista, otros de académico y superado. Ambos juicios tenían un fondo de razón, pero a la vez estaban totalmente confundidos.

 

>> Leer artículo continuación “Henri Rousseau, el aduanero (II)”

Escrito por Álbum Letras Artes

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