Henri Rousseau, el aduanero (II)

On 12 February, 2015 by Album Letras Artes

Henri Rousseau, el aduanero. Pintor de sueños inexistentes (continuación)

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Henri Rousseau, Paisaje Exótico

Henri Rousseau, Paisaje Exótico

Henri Rousseau, como todo autodidacta, imita lo que creía era la “gran pintura”, de ahí su miedo a perder la línea, el contorno y la composición convencional. Al no tener una sólida base intelectual y teórica no tiene seguridad suficiente para apartarse de los cánones aceptados. Los imita, pero, imperceptiblemente, añade enormes dosis de algo incontrolable: su capacidad ensoñadora y su innato refinamiento para formas y colores.

En Rousseau vida y obra se funde con lo fantástico para dar lugar a una pintura de recuerdos; unos recuerdos que no son más que la materialización de hechos inexistentes, sueños inexistentes en su vida y su pasado. Rousseau, ambiguo y en algún punto mentiroso, permite interpretaciones equívocas de su vida y sus cuadros.
El exotismo de su obra no es, como dejó entender, el recuerdo de su viaje a Méjico. Él fue de la banda de música del 51 regimiento de infantería, pero nunca estuvo en Méjico -tampoco salió de Francia- y las únicas noticias de este país fueron los relatos de los soldados al regreso del cuerpo expedicionario que, en 1862, fue a apoyar a Maximiliano de Austria. A estos relatos se une el impacto que le produjo un libro por entonces famoso -“El mundo antes de la creación del hombre”, de C. Flammarion-y la inauguración de la Exposición Universal de París en 1889. En ésta puede admirar ambientes lejanos como Tahití o Senegal. Tampoco quedan ajenas las visitas al zoo, los osos de peluche y las muñecas… y sus paseos campestres recogiendo hojas y flores con las que, en su domicilio, construía escenarios irreales. Durante horas elaboraba, hoja a hoja, ramas de árboles imposibles que, con delicado cariño, transportaba a sus cuadros. 

Henri Rousseau. Gitana adormecida

Henri Rousseau. Gitana adormecida

Henri Rousseau quería ser considerado un verdadero pintor, y lo deja evidente en 1893 al abandonar voluntariamente su puesto en la oficina de impuestos -A pesar del sobrenombre de “aduanero” era funcionario de fiscalía quedando con una pensión que le permite, con frecuentes estrecheces, dedicarse íntegramente al arte. Hombre polifacético, Rousseau pintó, participó en concursos para decoración de edificios oficiales -siempre sin éxito compuso música y escribió varios dramas que -también sin éxito- envíaba al teatro Chatelet. 

Rousseau, a pesar de haber conocido la cárcel en dos ocasiones por delito de estafa, era un hombre bondadoso, bohemio y sincero que, aunque ocasionalmente chocante y aún cómico, vivió de acuerdo a sus propios ideales. Su firmeza, perseverancia y honestidad le proporcionó el aprecio de destacados personajes del mundo parisino. Él era aficionado a organizar soirées en su casa para reunirse con los amigos. En 1908 tuvo lugar la famosa cena organizada por Picasso en su honor en el estudio de Bateau-Lavoir. Ahí dijo su célebre frase dirigida a Picasso: “Nosotros somos los dos pintores más grandes de la epoca: yo a la manera moderna y usted a la egipcia”.

El pobre Henri Rousseau en modo alguno podía acariciar laidea de que sus cuadros algún día colgaran en las paredes del Louvre, ni que ahora, al inaugurarse el gran museo del siglo XIX en París -D’Orsay- le dedicaran varias salas. En esta, al igual que en muchas otras cosas, era inocente y poco pretencioso; pero su “ingenuidad” no era tan profunda como para no ser sensible a un japonismo en auge, estudiar el color con pasión, lograr dislocaciones e interacciones sorprendentes entre los elementos del cuadro, o conseguir un dinamismo rítmico y modulado. La obra no aparece casualmente, es meditada y trabajada laboriosamente. Con técnica minuciosa de artesano incansable, fusiona lo imitativo y lo intuitivo en cuadros de plástica inigualable: la perspectiva se transforma, las dimensiones son absurdas, y el color, sutil y delicado, tiene fuerza por sí mismo. La luz plana, sin sombras ni estridencias, baña paisaje, objetos y personas y el conjunto adquiere una apariencia absolutamente irreal.

Henri Rousseau. Yo mismo, retrato-paisaje

Henri Rousseau. Yo mismo, retrato-paisaje

Sus temas son múltiples: paisajes, escenas urbanas, retratos y, sobre todo, florestas exóticas, densas y sugerentes vegetaciones donde palpita una vida que huye de todo vínculo con lo cotidiano. Son sus sueños, unos sueños deliciosos en los que el follaje selvático se cubre de flores caprichosas.
¿Rousseau pintaba de manera infantil?, sus contemporáneos calificaron su arte de “Adamismo” -pensando en la ingenuidad de Adán antes de comer la manzana y Kandinsky, que reproduce siete de sus pinturas en el almanaque Der Blaue Reiter 1912, comparaba su armonía a los dibujos de los niños. Más aún con ello, su apariencia superficial, fácil e infantil creo que es en gran parte esto, apariencia. Rousseau supera tanto esta limitación como la etiqueta de “naif’.

Henri Rousseau representa la reacción contra el impresionismo y el naturalismo del siglo XIX, una reacción solitaria y personal, sin base teórica, intuitiva e inconsciente, que marca el precubismo e invita al surrealismo. Rousseau es el triunfo del entusiasmo y el trabajo; de la sincera e íntima pasión de un pintor por ser artista. Y Rousseau lo consiguió en silencio dedicado a sus colores y a sus cuadros, unos cuadros que no le condujeron al éxito en vida, pero le permitieron pintar como él realmente sentía.

 

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Escrito por Álbum Letras Artes

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