John Singer Sargent y Joaquín Sorolla

On 31 January, 2015 by Album Letras Artes
Mi mujer y mis hijos en el jardín. Joaquín Sorolla, 1910

Mi mujer y mis hijos en el jardín. Joaquín Sorolla, 1910

John Singer Sargent / Joaquín Sorolla 

La playa con la marea baja. Salpicada de charcos que retienen todavía el agua del mar. Y en los charcos el reflejo de un cielo azul en el que navegan nubes blancas y grises. Pero también, en el otro extremo de la paleta, los retratos. Por ejemplo, el de una familia burguesa al completo. Los padres, muy elegantes; él portando entre sus dedos un cigarro. Las niñas, numerosas, vestidas con vestidos de blancos encajes y portando graciosos lazos en sus cabellos. El niño, como un pequeño príncipe. John Singer Sargent y Joaquín Sorolla. En algunas de sus obras tan iguales que podrían parecer el mismo artista. Ambos sin duda grandes pintores, pero ambos, tanto el norteamericano que nació en Florencia como el valenciano, qué duda cabe, artistas singulares. Porque, aunque muchas sean sus semejanzas, aunque mucha fuese la admiración que cada uno de ellos sentía por la obra del otro y mucha la que los dos profesaban a algunos maestros de la antigüedad, como Velázquez, en definitiva muchos y muy ricos son también los matices que los diferencian.  

John Singer Sargent. Madame Gautreau, 1883

John Singer Sargent. Madame Gautreau, 1883

Por ello, poder contemplar al mismo tiempo una amplia selección de la obra de ambos artistas constituye una experiencia fascinante. Organizada conjuntamente por el Museo Thyssen-Bornemisza, la Fundación Caja Madrid y el Museo de Cultura, esta excepcional exposición, que reúne más de un centenar de obras de los dos artistas procedentes de más de cincuenta prestadores diferentes, tras permanecer en Madrid,  podrá verse en el Petit Palais-Musée des Beaux-Arts de París. Se trata evidentemente del acontecimiento museístico de esta temporada. Acontecimiento que además de ser una fiesta para el espíritu, pues mucha es la belleza  y  calidad de la obra de ambos pintores, también el de alguna manera para los amateurs un seminario filosófico, pues, como dice Tomás Llorens, Comisario de la exposición, “poniendo dos biografías en paralelo (como lo hizo Plutarco con otra intención), una de un artista del Norte, otra de un artista del Sur, quizá se alcanzará a ver más claramente una fase mal comprendida del desarrollo de la pintura moderna”.

Joaquín Sorolla. Autorretrato, 1914

Joaquín Sorolla. Autorretrato, 1914

Como es habitual se ha publicado un excelente catálogo con una docena de breves ensayos de algunos de los grandes especialistas en la obra de los dos pintores y la correspondencia enviada por Sargent a Sorolla entre 1904 y 1912 (la de Sorolla al pintor norteamericano parece haberse perdido desgraciadamente). Las trayectorias de John Singer Sargent y Sorolla se muestran a partir de los tres temas emblemáticos que definieron el éxito del que gozaron, la pintura de género, el retrato y los proyectos de grandes pinturas murales: las de la Boston Public Library de Sargent y las que realizara para la Hispanic Society Sorolla. Muy probablemente el aspecto más estudiado sea aquel que se relaciona con la reconsideración que en este momento se hace del papel jugado por las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX. Prácticamente a lo largo de ese siglo ha sido opinión común considerar que el arte moderno había comenzado con el impresionismo, del que habían surgido los distintos movimientos de vanguardia. Esta visión lineal, lógicamente reductora, no sólo marginaba la obra de todos aquellos artistas que por una razón u otra no se habían plegado a la en suma “ortodoxia modernista”, sino que incluso, en su radical oposición al figurativismo  académico, olvidaba que los primeros impresionistas habían considerado su trabajo como un nuevo realismo. 

John Singer Sargent. Violet, 1886

John Singer Sargent. Violet, 1886

Aunque su pintura tomase otros derroteros Sargent y Sorolla fueron impresionistas. En 1881

Sargent se definía incluso como “impresionista intransigente”, pero al hacerlo, como dice Elaine Kilmurray, “utilizaba el término en el sentido que por aquel entonces se le daba y que denotaba un planteamiento de la pintura básicamente moderno y no académico” (en esta época un crítico llegó a decir que Sargent era “mucho más moderno que los impresionistas”). Sargent y Sorolla se sintieron y fueron sentidos como pintores de su tiempo, plenamente modernos, por millones de amigos y enemigos. Y entre 1900 y 1910 Sorolla todavía gozaba de mayor reconocimiento internacional que Picasso, incluso entre los círculos más abiertos a las ideas modernas de los Estados Unidos. En cualquier caso las críticas que se hacen a ambos pinto-res insisten en aquello de que ambos “frecuentaban las elites sociales y gustaban hacer retratos en los que mantenían la fidelidad a sus modelos”. Algo que es verdad y es mentira. Pues, aunque se basan en algo que es evidente, estas críticas olvidan la pintura de temática social del valenciano, e incluso olvidan quienes eran muchos de los retratados, Monet, Stevenson, Blasco Ibáñez, etc. Más importante razón del olvido que hayan podido vivir los dos artistas en el siglo XX parece haber sido su fidelidad a la figura. Aunque considerando el pre-cio que se ha estado pagando por la más insignificante obra de cualquiera de los dos pintores y los lugares en los que se conserva su obra, los más prestigioso museos y colecciones, parece un poco exagerado decir que eran artistas olvidados.

En cualquier caso Álbum ha dedicado a lo largo de estos últimos años numerosos artículos tanto al uno como al otro. Porque más allá de los vaivenes del gusto, de las modas y de los criterios, Sargent y Sorolla son dos grandes pintores. Dos pintores que, más allá de nuestra sin duda necesaria revisión del legado artístico del recientemente acabado siglo XX, permanecerán, sin duda alguna, en la historia de la pintura.

Escrito por Álbum Letras Artes

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