Hubert Robert. Ruinas Sublimes (II)

On 31 January, 2015 by Album Letras Artes
Hubert Robert. Ruinas de Pirámide, 1779

Hubert Robert. Ruinas de Pirámide, 1779

Tras pasar once años en Italia, de 1754 a 1765, Hubert Robert regresa a París. Al año siguiente ingresa en la Academia Real de Pintura. Y durante los treinta años siguientes, Robert presentará sus obras en el Salón, la exposición bianual que se celebraba en el Salon Curre del Louvre. En numerosas ocasiones sus clientes le autorizaban a presentar pinturas o dibujos coloreados que ya le habían adquirido, lo que nos permite conocer la importancia y calidad de la clientela del artista. Ya en su primera exposición, una de las obras, las Ruinas de un arco de triunfo y otros monumentos, estaba destinada a los apartamentos del castillo real de Bellevue. Aunque en verdad las primeras obras directamente encargadas por el rey son las dos Vistas del jardín de Versalles, en el momento en que se abatían los árboles, y en realidad no sería sino en 1787 cuando el monarca le encargaría las cuatro espléndidas Vistas de los Monumentos de Provence, destinadas a Fontainebleau y hoy en el Louvre. 

Hubert Robert. Ruinas y Columnas, 1779

Hubert Robert. Ruinas y Columnas, 1779

Pero como hemos dicho también fue Robert creador de jardines, tanto pintorescos como siguiendo la moda de los jardines ingleses, sobre los que Watelet había escrito en 1774 un tratado, el Arte de los jardines. En el parque de Méréville, además de realizar las grandes decoraciones del castillo de su riquísimo propietario, el marqués de La Borde, Hubert Robert se ocupó junto a Bélanger de todos los elementos pintorescos del jardín, grutas, puentes y templetes. Y, nombrado dibujante de los jardines del Rey, dibujó también los jardines ingleses de Rambouillet, que Luís XVI había adquirido en 1783 al duque de Penthiévre.

También es importante la tarea de Robert en lo que se refiere a la aportación de elementos simbólicos a lo que a partir de ese periodo comenzó a llamarse arquitectura simbólica o espiritual. Tanto la mayoría de los amigos y clientes de Hubert Robert como el propio pintor pertenecían a la Francmasonería. Amigo y masón era por ejemplo el caballero de Coigny, hermano del duque y de la escritora Aimée de Coigny, que sería inmortalizada por André Chenier en el poema La joven Cautiva. Para este caballero Robert pintó las nueve acuarelas de una talla excepcional (970 x 650 mm) que constituían la impresionante serie de Los más célebres Monumentos de Arquitectura y escultura de la Roma Antigua. Y también era miembro de la Francmasonería el conde de Stroganoff, chambelaín de Catalina II y presidente de la Academia imperial de Bellas Artes de San Petersburgo, que además de ser uno de los principales coleccionistas de la obra de Robert, fue quien introdujo la obra del pintor francés en la corte rusa.

Hubert Robert. Vista imaginaria de la Gran Galeria, 1796

Hubert Robert. Vista imaginaria de la Gran Galeria, 1796

El Gran Duque Pablo Petrovitch y la Gran Duquesa María Fedorovna, durante su viaje a Francia en 1782, visitaron a Hubert Robert en su estudio de las galerías del Louvre y le encargaron dos grandes pinturas, El incendio de la ciudad de Roma y la Reunión de los más célebres monumento; antiguos de Francia. Y aunque, pese a que Catalina II lo invitó en varias ocasiones, el pintor, retenido en París por sus numerosas obligaciones, pues además de ser Dibujante de los jardines del Rey era Guarda de las colecciones reales en el Louvre, nunca llegase a viajar personalmente a Rusia, sí continuaría vendiendo a la familia imperial y a la corte rusa muchas de sus obras hasta los años finales de su vida, siempre a través de Stroganoff, que por ejemplo en 1803 todavía le haría un importante encargo para un excepcional cliente, el zar Alejandro I. Famoso es el comportamiento de Hubert Robert durante el momento que pasó en la cárcel en la época del Terror. 

Hubert Robert. Templo Dórico en ruinas, 1783

Hubert Robert. Templo Dórico en ruinas, 1783

 

Sin dejar en ningún momento de pintar, se ocupaba también de intentar distraer a sus compañeros de cautividad, organizando conciertos, tertulias literarias e incluso partidos de balón. Liberado en Termidor, Hubert Robert recuperó casi inmediatamente su cargo oficial en el Museo. El artista moriría, como dijo Madame Vigée Le Brun, que hizo de él un espléndido retrato, “con los pinceles en la mano”.

En uno de sus cuadros, el titulado Los descubridores de Antigüedades, todo parece estar resumido. En unas ruinas en penumbra en las que se están realizando excavaciones, un noble amateur, probablemente el duque de La Rochefoucauld, descubre, iluminada por la luz de una antorcha, la estatua de un príncipe bárbaro prisionero de Roma que le muestra un guía. Un guía que aparentemente no es sino el propio Hubert Robert, que aquí hizo su autorretrato.

<< Leer artículo “Hubert Robert:Ruinas Sublimes (I)”

 

Escrito por Álbum Letras Artes

Comments are closed.