Lawrence Alma Tadema (I)

On 16 February, 2015 by Album Letras Artes

Lawrence Alma Tadema, recreación de la antigüedad soñada

Lawrence Alma Tadema. Danza Romana, 1866

Lawrence Alma Tadema. Danza Romana, 1866

La primera vez que vi un cuadro de Lawrence Alma Tadema quedé profundamente sorprendido. Sus rostros, sus delicadas imágenes flotando entre columnas y mármoles reproducían un mundo que, sin saber de arte y estilos, admiraba desde la infancia. Un sorprendente y perfecto mundo greco-romano cuya sencillez de línea ysutil color parecía insuflado por el aliento de los dioses. Sí, su obra permitía pequeños atisbos a un paraíso raramente sentido.

Lawrence Alma Tadema es un claro ejemplo del pintor que habiendo llegado durante su vida a las máximas cotas de popularidad y prestigio, luego cae en el más absoluto olvido. Alma Tadema, al igual que muchos pintores académicos, ha sido presentado como prototipo de un arte caduco y sin valor que no merece ni tan siquiera ser criticado. Sobre todos estos artistas académicos -victorianos en Inglaterra, pompiers en Francia- se corrió un velo de silencio. 

Alma Tadema (1836-1912), a diferencia de lo que a menudo se cree, no es inglés, sino holandés. Nacido en Dronrijp de una familia de la Frisia occidental, pronto sorprendió por sus precoces aptitudes artísticas, que empezaron a manifestarse a los cinco años. Huérfano muy temprano, su madre prefiere que se convierta en abogado y le inscribe en el instituto de Leeuwarden. Él se interesa en el latín y el griego, la antigüedad, la mitología, la arqueología… En 1850, por casualidad, encuentra en una tienda la traducción al holandés de un “tratado” de Leonardo da Vinci y un libro de perspectiva del siglo XVII. De esta época datan sus primeras telas. 

Lawrence Alma Tadema. Soñando, 1892

Lawrence Alma Tadema. Soñando, 1892

Lawrence Alma Tadema. La Modelo del Escultor, 1895

Lawrence Alma Tadema. La Modelo del Escultor, 1895

Alma Tadema, ya enamorado de las civilizaciones antiguas a través de constantes lecturas, empieza a tener profundos conflictos entre sus estudios y sus deseos. Diagnosticado equivocadamente de tuberculosis y dándosele pocas esperanzas de vida, le permiten por fin dedicarse a lo que quiera, y él quiere pintar. Alma Tadema ingresa en la Academia de Bellas Artes de Amberes por entonces dirigida por Wappers. Wappers, también profesor del prerrafaelita Maddox Brown, no es un neoclásico davidniano, sino un romántico que ama asimismo a los grandes holandeses y los maestros flamencos. Esta influencia se verá en la luz y color de sus obras. Dyckmans le introduce en la pintura histórica; en el “Círculo Artístico” estudia leyendas germánicas; su encuentro con Ebbers, destacado egiptólogo, le abre al antiguo Egipto; Louis Taye le enseña arqueología; el barón Leys, maestro severo, enriquece sus conocimientos históricos y arqueológicos y le sitúa en el camino del éxito.

En 1862 realiza su primer viaje a Inglaterra. Queda maravillado ante los Elgin Marbles del Brittish Museum y las antigüedades egipcias. Tadema inicia su propio estilo. Casado en 1863 con M.P. Gressin, su viaje de bodas transcurre por Florencia, Roma, Nápoles y Pompeya. Pompeya le fascina. El mundo greco-romano entra ya para siempre en su vida. En 1869 muere su esposa y él se instala en Londres. Al año siguiente contrae nuevo matrimonio con una joven pintora alumna suya, Laura Teresa Epps, y decide quedarse definitivamente, obteniendo la nacionalidad británica en 1873. Alma Tadema es plenamente aceptado en la comunidad artística, su particular neoclasicismo y”arqueología de lo cotidiano” queda próximo a las pinturas neogriegas de Frederick Leighton, Edward Pointer, Albert Moore, Walker, William Blake, Richmond…, un mundo griego idealizado, un clasicismo estetizante, que en Tadema adquiere rigor, fuerza y belleza desbordante. 

Lawrence Alma Tadema. La Siesta, 1898 (Detalle)

Lawrence Alma Tadema. La Siesta, 1898 (Detalle)

Tadema, que siempre tuvo obsesión por lo arqueológico y el detalle, se inspiró inicialmente en leyendas germánicas y el mundo de los francos, luego en temas egipcios, y, por fin, impresionado por su visita a Pompeya, en el mundo clásico. En Italia tuvo la oportunidad de asistir a las excavaciones de Pompeya: casas, palacios, ornamentos, vasijas… una maravillosa “exposición” natural para recrear su sueño de antigüedad. Dibuja bocetos y realiza cientos de fotografías que, junto a las atentas visitas a las salas arqueológicas de los 26 mejores museos, serán la base de las futuras composiciones. El ambiente es de interés por lo estético -pocas épocas tendrán un concepto de belleza tan desarrollado- y él comparte la sensibilidad del momento. Lo simbólico inyectará fantasía y ensueño.

>>Leer continuación del artículo “Lawrence Alma Tadema (II)”

Escrito por Álbum Letras Artes

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