Lawrence Alma Tadema (II)

On 16 February, 2015 by Album Letras Artes

Lawrence Alma Tadema, recreación de la antigüedad soñada (continuación)

<< Leer articulo anterior "Lawrence Alma Tadema (I)"

 

Lawrence Alma Tadema. Su Costumbre Favorita

Lawrence Alma Tadema. Su Costumbre Favorita

 

Lawrence Alma Tadema consigue un triunfo absoluto: miembro de la Royal Academy en 1879, es nombrado caballero en 1899. Internacionalmente su prestigio es enorme -perteneció a múltiples academias, entre ellas, dato curioso, la de Madrid- y sus cuadros adquieren precios desorbitados. Su casa de Grove End Road, llamada por sus coetáneos “el palacio de la belleza”, fue de las más sorprendentes y fastuosas de Londres; se decía que era “como pasear por uno de sus cuadros”. El exaltado amor por lo antiguo le condujo a decorar los interiores con mármoles y surtidores, pórticos de mosaicos, arcadas, columnas, estanques. Las puertas, de bronce, eran una copia de la mansión Eumactia de Pompeya. El suelo de mármol brillante y precioso. En las paredes y habitaciones elementos flamencos, bizantinos, detalles japoneses…, sin duda su casa, era como en todo buen esteta, una continuación de su obra.

En cuanto a su pintura en sí, es de destacar que Alma Tadema, que tenía gran habilidad en técnicas diversas, fue un trabajador concienzudo y meticuloso que buscó siempre un objetivismo arqueológico documentado, y dio un carácter arquitectural al conjunto. A diferencia de otros académicos, Tadema pasa de la luz gris de sus primeros cuadros a un “sol” casi sin sombras. Tras viajar a Italia, el cielo, el mar y el sol envuelven con luces intensas y transparentes sus nostálgicas visiones de un tiempo para siempre desaparecido. ¿Clásico? ¿Romántico? “En realidad se sirve de elementos clásicos y románticos pintados con un realismo académico”. Ahí quizás resida la enorme capacidad de seducción que para mí tiene su obra. 

Lawrence Alma Tadema. Las Termas de Caracalla, 1899

Lawrence Alma Tadema. Las Termas de Caracalla, 1899

Alma Tadema, a pesar de sus precisos conocimientos sobre la antigüedad, tuvo el acierto -criticado por muchos- de dar a ésta actitudes familiares. Para Tadema, la diferencia entre antiguo y moderno era mínima. -“Me esfuerzo siempre para en mis pinturas mostrar que los viejos romanos eran de carne y sangre como nosotros, y que estaban sujetos a las mismas pasiones y emociones”-, y cuando le acusaban de que sus personajes eran como ingleses, él respondía que le parecían muy semejantes. “Mis reconstrucciones de la vida clásica son muy vivas”. La sociedad victoriana se ve reflejada en la gloria de Grecia y el esplendor romano. Tadema no pretende escapar a referencias contemporáneas y así se explica en parte su triunfo: pintar “victorianos con túnica”.

Lawrence Alma Tadema. Peces plateados, 1903

Lawrence Alma Tadema. Peces plateados, 1903

Otro aspecto interesante en Tadema es que camina entre un cierto moralismo propiamente académico y un esteticismo sensual y delicioso. Moraliza en cuanto a su erudición e ideales clásicos, pero todo ello queda inmerso en la felicidad de escenas íntimas, los rituales esplendorosos o el placer de los momentos. En tiempos victorianos representar una vida libre y feliz no era sencillo. Tadema utiliza la vida clásica para escapar de la moral puritana: en sus cuadros, la sensualidad desborda por todos lados. Los rostros, tachados de fríos y distantes, adquieren para mí especial fascinación. Entre la esperanza y el miedo, el ensueño, el mundo de lo quimérico, la evocación de lo perfecto, es lo que veo en estos rostros. Alma Tadema puso en sus pinceles la alegría de vivir y esto es lo que quiso transmitir en sus cuadros. Yo me siento totalmente identificado con ellos.

Como decía al principio, su obra cayó en el olvido si no en el descrédito. Con la exposición de 1962 en Nueva York, preparada por Isaacson, los trabajos de Amaya, del New York Cultural Center, los libros Victorian Paintig de G. Reynolds (1966) y J. Maas (1969), el juicio positivo de Ch. Wood, especialista en pintura victoriana de Christies, la exposición en el Metropolitan Museum, y el éxito de venta de la colección Funt en Sotheby’s Belgravia (1973), parece que los críticos van comprendiendo que es el momento de romper con prejuicios estereotipados y empiezan a ver todas estas pinturas con otros ojos. 

Lawrence Alma Tadema. Impaciencia, 1901

Lawrence Alma Tadema. Impaciencia, 1901

Desde aquí afirmo que son pinturas de enorme belleza, y que Alma Tadema es un verdadero maestro en un tipo de estética que merece ser recuperada. Hoy ofrecemos una pequeña selección a los lectores de Álbum Letras Artes, con el deseo de que encuentren el mismo placer que nosotros cada vez que admiramos uno de estos cuadros.

<< Leer articulo anterior "Lawrence Alma Tadema (I)"

 

Escrito por Álbum Letras Artes

Comments are closed.