Henri Matisse. Un maestro del color I

On 16 July, 2013 by Album Letras Artes
Henri Matisse

Henri Matisse

Henri Matisse, postimpresionista

Desde el Romanticismo, el arte buscaba un nuevo idioma. La ansiada renovación del lenguaje pictórico, se materializará con el Impresionismo. Este Impresionismo, nacido como reacción al academicismo imperante, romperá con los modelos y fórmulas pretéritas. Desechando clasicismo y mitologías, abre las puertas del estudio y pinta lo que mira. Sus cuadros al aire libre, se pueblan de campos, ríos y aldeas, puertas y océanos, mujeres con sombrillas, bañistas, bailarinas.

                Rechazado para el Salón de la Academia, Almuerzo campestre, obra de Édouard Manet, es por fin expuesto en el Salon de Refusés de 1863. El lienzo provocó un escándalo. Su colorido rudo entra en los ojos como una sierra de acero, comentaría despectivamente Delacroix.

                El Impresionismo modificará el curso de la Historia. Bajos sus escenas cotidianas, habita una revolución pictórica. Renunciando a la concepción espacial del Renacimiento, elaboran una propia, abierta y dinámica, donde los objetos se olvidan de reglas y perspectivas. Dentro de ella, la exactitud carece de importancia. En esta pintura espontánea y directa, la luz adquiere un protagonismo inusitado. Y esta luz que da vida a lo que pintan, que desvanece los contornos y se multiplica en reflejos, la capturan con violentos contrastes y pinceladas groseras.

                Cuando en 1886 los impresionistas hicieron su última exposición, el camino hacia la modernidad era ya irreversible. Habían transformado el lenguaje, pero también el arte y el artista. Otros pintores continuarán innovando el vocabulario estético. Ahí estaban el Simbolismo de Moreau y de Redon, los Nabis con Denis, Bonnard y Vuillart; el Neoimpresionismo de Seurat y Signac. Y dentro de esta heterogeneidad de tendencias del fin de siglo, reunidas bajo el apelativo de Postimpresionismo, las inclasificables personalidades de Van Gogh, Gaugin y Cézanne.

                Como escribiera el poeta belga Verharen, ya no existe una escuela única, apenas si existen grupos que se fraccionan constantemente…, pero sin embargo evolucionan dentro del mismo círculo creativo, el del nuevo arte.

                La compleja diversidad del Postimpresionismo será el crisol del futuro Fauvismo, que empleará el color con una libertad insospechada hasta entonces. Un Fauvismo en el que Matisse será motor y figura imprescindible.

                Henri Matisse (Cateau-Cambrésis 1869 – Niza 1954), nacido en el seno de una familia acomodada, con veintidós años abandonaba la abogacía, para consagrarse por completo a la pintura. Instalado en París, estudió en la Academia Julian, bajo el magisterio de Bouguereau, e ingresó en la Escuela de Bellas Artes. Por su carácter rebelde, se trasladaba al taller de Gustave Moreau. En el Louvre copiaría a los grandes maestros, con predilección por Ghardin. Bretaña y las salas del Museo de Luxemburgo, le interesaron en el impresionismo. Fue el momento de la luminosidad y el paisaje; de los trabajos a plain air. Una luminosidad que en Córcega y el sur de Francia le embriagó. Un verano en Saint Tropez, junto a Cross y Signac, le impulsaba a experimentar con el puntillismo. Por exageradamente técnico y limitativo, muy pronto repudió aquel divisionismo artificioso. 

Henri Matisse. Odalisca con pandereta, 1925

Henri Matisse. Odalisca con pandereta, 1925

                Seducido por la serenidad del arte griego, conocedor del Egipto faraónico, su mundo se enriquecerá con argumentos Orientalistas. Investiga colorido y dibujos en los tapices. Posteriormente, en Argelia y Marruecos, quedaría cautivado por los paisajes, la cerámica popular y el primitivo arte africano.

                En su viaje vital como artista, había ahondado en las diferentes corrientes. Pero, finalmente, Matisse, al igual que los demás fauvistas, apoyándose en Van Gogh y Gauguin, deslumbrado por su eficaz y atrevido colorido, abandonó cualquier naturalismo. Gauguin, de quien conocía sus exóticas telas, le incitaba a bárbaras armonías: ¿Esta sombra es más bien azul?, píntela de azul marino. ¿Las hojas son rojas?, póngale bermellón.

               

Henri Matisse. Interior con violin, 1918

Henri Matisse. Interior con violin, 1918

En sus inicios, a pesar de la penuria económica, Matisse compró un busto de Rodin, La cabeza de niño de Gaugin, un dibujo de Van Gogh, y Los tres bañistas de Cézanne. He extraído de él mi fe y perseverancia, agradecía refiriéndose a este último óleo. Y será Cézanne, al que considera el padre de todos nosotros, como canalizador de experiencias, quien le conducirá a su estilo definitivo. De él aprendió que por debajo de lo inmediato, late una belleza más estable y duradera. Abandonando la figura fugaz y engañosa del momento, Matisse persigue ese estado de condensación de sensaciones que produce el cuadro. Hay dos maneras de expresar las cosas: una es mostrarla brutalmente y otra evocarla artísticamente, escribe en Notas de un pintor, obviamente, apuesta por la evocación.

                Con manifiesta simplificación decorativa, el universo de Matisse gira alrededor de los colores. Unos colores plenos, que generan formas; de los que emanan volúmenes y perspectivas. Una vez conseguidas las relaciones tonales, se debe producir una viva unidad de colores, una armonía análoga a la de una composición musical (1). 

Henri Matisse. Amapolas, 1919

Henri Matisse. Amapolas, 1919

                En sus obras, además de armonía, anhela solidez constructiva. El lugar que ocupan los cuerpos, los vacíos en torno a ellos, las proporciones, todas estas cosas tienen un significado (1). Para obtener claridad en la estructura del conjunto, de nuevo se inspira en Cézanne. En él todo resulta bien combinado. Toda confusión ha desaparecido (1).

                Aunado a su férrea disciplina, está el espíritu del autor. Pinto mis tonos sin prejuicio alguno. La elección de los colores es ajena a teorías científicas: se imponen de manera instintiva. No se trata de un hecho inmediato, sino un proceso combinado de observación y sentimiento. Soy incapaz de distinguir entre el sentimiento que tengo de la vida y el modo en que la expreso (1).

>> Leer “Henri Matisse: un maestro del color (II)    

 

(1): Bibliografía: “Notas de un pintor: Henri Matisse”. La grande Revue, París, 1908.

                         

Escrito por Álbum Letras Artes

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