Gustav Klimt: La Secesión Vienesa (II)

On 3 February, 2015 by Album Letras Artes

Gustav Klimt: Viena y la Secesión vienesa (II)

Gustav Klimt. Danae, 1908

Gustav Klimt. Danae, 1908

¿Hay hoy tanto interés por el arte? Si en 1848 los Prerraphaelitas inician en la Inglaterra victoriana un camino que, de alguna manera, conduce a los «estetas» y los Arts & Crafts; si en Francia de los sesenta decadentes y simbolistas rompen con el academicismo de un mundo racional y cientifista; si en Europa corren ya las sensuales y ondulantes formas del Art Nouveau. Modern Style, Modernismo o Jugendstil ¿cuál es entonces la importancia de Gustav Klimt y Viena?

El intelectual en Viena se mueve en un medio al que, a diferencia de Francia o Inglaterra, no queda aún ajeno. El artista quema etapas y evoluciona de manera acelerada alcanzando rápidamente la vanguardia. Gustav Klimt será el más claro ejemplo y la importancia, junto al compromiso de lucha, radica en su capacidad integradora.

En la etapa inicial Klimt triunfa, al igual que Otto Wagner en arquitectura, colaborando con la cultura liberal-burguesa de la Ringstrasse. Es un Klimt historicista, académico, ecléptico (techos y telón del teatro estatal Karlsbad, techos del Burgtheatre, escalinata del Museo de Historia del Arte). Del encargo de decoración del Aula Magna de la Universidad de Viena surgen bocetos que marcan un claro distanciamiento. La consecuencia inmediata es presidir la Secesión. El punto sin retorno, la persistencia en el tipo de pintura y la exigencia de devolución de bocetos que finaliza por la readquisición de éstos por parte del artista. Aparece un Klimt rebelde y resolutivo, con convicción de lucha en post del arte en el que cree. -«A cada siglo su arte, al arte su libertad» se inscribe sobre la puerta de la Secesión- Será la búsqueda de lo «moderno» y la entrada en el Art Nouveau. Las exposiciones se organizan cuidando todos los detalles -Color y textura de las paredes, muebles, plantas, espacios- concibiendo el conjunto como unidad estética en la línea del arte total. Este ideal de interacción arte y vida, iniciado ya por W. Morris y muy típico del modernismo, fue asumido y desarrollado por la Wiener Werkstatte (Taller Vienés). 

Gustav Klimt. El Beso, 1908

Gustav Klimt. El Beso, 1908

Fundada en 1903 por el pintor Moser y el arquitecto Hoffman, ambos miembros de la Secesión, persigue llevar las artes aplicadas al nivel de las «artes mayores» y actuar en las más diversas facetas de la vida para lograr un «arte para todos». Diseñaron muebles, telas, joyas, postales, cristalerías, edificios… En su obra cumbre, el Palacio Stoclet de Bruselas, Klimt realiza los paneles para el salón comedor (Arbol de la Vida, esperanza y abrazo). K1imt ha entrado de lleno en su fase decorativa a través de un entorno suntuoso.

Los ideales se han desvirtuado. De nuevo el trabajo para una élite a la cual retrata y un arte minoritario. El Palacio Stoclet será el canto del cisne de un estilo que, aunque bello, ha perdido su sentido y aparece ya anacrónico. Para Kraus, todo es un componente más del «laboratorio para un apocalipsis» que es Viena, una Viena que Loos ve como ciudad de fachadas y a la que, con su «ornamento es crimen», opone una arquitectura funcional en lucha contra lo que considera irresponsable.

Si algo destaca en toda la obra de Klimt es la enorme belleza y acusada sensualidad de sus imágenes. La mujer, constante en sus cuadros, adquiere formas sinuosas, eróticas, dramáticas, y Klimt consigue una personal síntesis de razón y sentimiento, de simbolismo y art nouveau. El fluir irracional y cíclico de la vida y el sentimiento difunde por entre hedónicos espacios vibrantes de sexo. Como decía, Klimt es el gran integrador y puente entreedos siglos. Explorador incansable, rebelde, su obra abarca de un simbolismo -art nouveau de profundo contenido intelectual- Judith, Peces de Oro, Sierpes en el agua- a un discurso claramente expresionista de alto contenido simbólico -Friso de Beethoven, Tres edades, Vida y muerte- y llega, con su «periodode oro», a un campo decorativo donde lo ornamental no pierde su carácter significativo. En El Beso, rectángulos, símbolo fálico de Zeus, cubren el hombre y símbolos ovulo-florales a la mujer; ambos se unen en el manto de oro. Si observamos aisladamente los vestidos de El Beso, Emilie Floge, o el Friso Stoclet, vemos que Klimt apunta hacia la abstracción estética y la bidimensionalidad que, en Los Arboles, se une a cierto divisionismo.

Gustav Klimt. Emili Floge, 1902

Gustav Klimt. Emili Floge, 1902

En sus últimos cuadros el color, de tendencia monocroma, insinúa el despertar expresionista. K1imt, al igual que muchos, se perdió entre lo utópico y lo ficticio, pero su viaje interior abrió nuevos mundos de experiencia psicológica que tendrán en su mano -ayudó a Egon Schiele y a Kokochka en sus inicios- los jóvenes expresionistas para realizar la ruptura definitiva.

Como he comentado a lo largo de todo el artículo Viena fin de siglo era una sociedad contradictoria en la que –como dice Musil en El hombre sin Atributos- todo ocurría demasiado rápido.

«Crisol de la Modernidad» creció bajo el calor de crisis y tensiones paulatinamente irreconciliables. Tras el hundimiento del liberalismo surgen grupos de tendencia extraparlamentaria -nacionalistas de derechas y cristianosociales, nace el antisemitismo y, como reacción el sionismo -En 1896 se propone ya crear un estado judío- si con la guerra del 14 se fragmenta el imperio Austro-Húngaro de los Habsburgo, el incendio del Palacio de Justicia (1927) marca la derrota de la socialdemocracia y, con ella, la utopía de una cultura moderna. Sólo falta esperar la entrada, en 1938, del nacionalsocialismo y los nazis.

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