imogen

Nacida en 1883 en Portland, Oregón, Imogen Cunningham estudió en Química en la Universidad de Washington en Seattle , que era la disciplina más cercana a la fotografía en aquellos inicios del siglo XX. En la universidad comenzó a hacer sus primeras fotografías. Es allí donde tomó uno de sus autorretratos más conocidos. Aquella en la que se muestra desnuda al aire libre, tendida sobre la hierba. Una imagen que, además de revelar sus dotes artísticas, anuncia un espíritu independiente y un prematuro interés hacia la representación del cuerpo humano, algo poco frecuente en aquella época.

 Durante sus años en la universidad trabajó en el estudio de Edward S. Curtis, donde aprendió la técnica de la platinotipia y a retocar negativos. Y en 1910 viajó a Dresde para completar sus estudios bajo la tutela de Robert Luther, un destacado experto en fotoquímica. De nuevo en Seattle, sus primeros retratos fueron encargos de personajes de la alta sociedad, lo que evidencia el prestigio que, tras su excelente formación académica, Cunningham había sabido forjarse. Muy relacionada con el mundo artístico de la época y, bajo la influencia de Gertrude Käsebier, creó la mayoría de sus exquisitas imágenes de estilo pictorialista. Su amplia experiencia en el positivado le permitió elaborar obras de gran belleza, logradas a partir de filtros especiales y retoques manuales.

 La década de los años veinte es la etapa de sus composiciones florales. Cunningham se interesaba en la botánica y a menudo asignaba nombres científicos a sus fotografías, aunque su preferencia por el estudio de las formas y el detalle anuncia ya en este periodo una visión claramente moderna, que reducía la naturaleza a sus formas y estructuras más simples, eliminando los enfoques suaves característicos de su etapa pictorialista.

 Cunningham también se interesó en la representación del cuerpo humano, que convirtió a través de sus interpretaciones en un símbolo de sensualidad en armonía con la naturaleza. La serie de retratos de su marido constituye una de las primeras aproximaciones históricas a la fotografía de desnudo masculino, un auténtico desafío a los convencionalismos sociales de aquella época. En los desnudos de Cunningham también tienen mucha importancia los detalles corporales tomados en primer plano, logrando a través del tratamiento de luces y sombras articular las formas en espacios geométricos.

 En 1929 Edward Weston invitó a Cunningham a fomar parte de la exposición Film und Foto en Stuttgart. Esta muestra fue considerada como la primera gran exposición de la fotografía moderna europea y americana y contó con la participación de fotógrafos como Edward Steichen, Berenice Abbott o Man Ray, entre otros. La aportación de Cunningham, a través de una selección de diez obras -un desnudo, un estudio arquitectónico y ocho imágenes botánicas-, le proporcionó fama internacional, especialmente por sus composiciones florales denominadas Pflanzenformen, que tuvieron una gran acogida. 

 Sus innovadoras fotografías pronto llamaron la atención de Vanity Fair y gracias a la publicación de uno de sus retratos de la bailarina Martha Graham, Cunningham comenzó a colaborar de manera regular con la revista. En la década de los años treinta retrató a numerosas celebridades de la época. Luego, en la década siguiente, en el transcurso de uno de sus viajes a San Francisco, conoce a Lisette Model. El estilo creativo de fotografía callejera que practicaba Model, con detalles dinámicos y recortados, influyó en Cunningham y la animó a investigar su nuevo entorno urbano y la vida pintoresca que encontraba en los barrios de San Francisco o Nueva York. Este nuevo estilo que ella misma definió como “fotografías robadas” se prolongaría hasta los últimos años de su carrera. En estas imágenes encontramos claras referencias a fotógrafos como Henri Cartier-Bresson o Helen Levitt, quienes rastreaban las calles de París o Nueva York en busca de la imagen artística.

 Imogen Cunningham tuvo una vida casi centenaria. Su trayectoria artística, influida por destacados fotógrafos de su generación como Alfred Stieglitz o Edward Weston, sorprende tanto por su dilatada carrera, como por su inagotable anhelo de experimentación que manifiesta a través de una gran variedad de motivos y técnicas.

 En 1975 fundó el Imogen Cunningham Trust, una institución privada dedicada a catalogar, investigar y preservar sus archivos fotográficos. Y tras una vida de plena dedicación a la fotografía, a la edad de 92 años, comenzó su último proyecto, un libro titulado La vida después de los noventa, pero la obra quedaría inacabada al morir la artista apenas un año después en 1976.

 

Álbum Letras Artes

imogen

Born in Portland, Oregon, Imogen Cunningham studied Chemistry at the University of Washington in Seattle, this being the academic subject closest to photography available at the turn of the 20th century.  She took her first photographs when she was still in university and this was where she took one of her best-known self-portraits, in which she is lying nude on the grass in the open-air. This image clearly reveals her artistic ability, as well as her independent spirit and precocious interest in representing the human body, an infrequent subject in those days.

During her university years, she worked in the studio of Edward S. Curtis, where she learnt she learned the techniques of platinum printing and retouching negatives. In 1910, she travelled to Dresde to complete her studies under the guardianship of Robert Luther, a leading expert in photographic chemistry. On her return to Seattle, her first portraits were commissioned by members of high society, a proof of the prestige Cunningham has been able to establish after her excellent training. At the same time, she forged links with the art world or that period and, influenced by Gertrude Käsebier, produced most of her exquisite pictorialist prints. Her broad experience in developing photographs enabled her to create the most beautiful images using special filters and manual retouching. The decade of the twenties is the period of her flower compositions.

Cunningham was interested in botany and very often gave scientific names to photographs although her interest for the study of forms and detail was already in that period an indication of a clearly modern vision that reduced nature to its simplest forms and structures, eschewing the soft focus photographs typical of her pictorialist period.

Cunningham was also interested in the representation of the human body, which becomes through her interpretations, a symbol of sensuality in harmony with nature. The series of portraits of her husband represents one of the approaches to male nude in photography history, a real challenge to the social conventions of the time. In her nudes, Cunningham also pays much attention to body details with close-up shot through the use of lights and shades to portray forms in geographic spaces.

In 1929, Edward Weston invited Cunningham to take part in the exhibition “Film und Foto” in Stuttgart. Considered the first major exhibition of modern European and American photography, it also featured work by the likes of Edward Steichen, Berenice Abbott and Man Ray, amongst others. Cunningham’s contribution, a selection of ten prints (one nude, one architectural study and eight botanical images), brought her international fame, particularly her floral compositions, known as Pflanzenformen, which were widely praised. Her innovative photographs soon attracted the attention of Vanity Fair and, following the publication a portrait of Martha Graham, Cunningham began to contribute regularly to the magazine. In the decade of the thirties, she portrayed several celebrities of the time. Later, in the following decade, during one of her journeys to San Francisco, she met Lisette Model. The creative style of street photography that Model practised, featuring dynamic detail and close-cropped form, influenced Cunningham and encouraged her to explore her new urban environment and the picturesque scenes she found in neighbourhoods in San Francisco and New York. She continued to cultivate this new style, which she herself defined as “stolen pictures”, until the final years in her career. Her prints are clearly influenced by the work of such photographers as Henri Cartier-Bresson and Helen Levitt, who scoured the streets of Paris and New York in search of artistic images. Imogen Cunningham lived almost hundred years and her artistic career with influences by leading photographers of her generation like Alfred Stieglitz or Edward Weston, is surprising for her extensive career as well as for her unquenchable yearning for experimentation through a wide variety of motifs and techniques.

In 1975, she founded the Imogen Cunningham Trust, a private institution which catalogues researches and conserves her photographic archives. At the age of 92, after a life dedicated to photography, she embarked on her final project; a book entitled Life after Ninety. This work was left unfinished, as she died soon afterwards in 1976.

 

Fundación MAPFRE, Madrid

18 September 2012 – 20 January 2013